la mirada de la infancia

Cambiando la mirada con la que vemos a la infancia. La conducta del niño nace de lo que necesita. Vínculo, respeto, juego libre y pedagogías alternativas


Educar con respeto no es dejar hacer todo: el mito de la permisividad en la infancia.

Foto de Vera Aurima en Unsplash

El mito de que educar con respeto es permisividad

Hay mucho adultos que piensan que si educas con respeto los niños harán lo que quieran. Que se te subirán a la chepa, que no te harán caso o que perderás la autoridad.

Porque claro, si educas con respeto, se piensa que se pierde autoridad o que no hay límites, y si esto no existe el niño o la niña hará lo que quiera. Si no hay un control real de la situación, si no hay castigos, premios o amenazas muchos adultos sienten que el niño no hará caso.

La mayoría de los adultos hemos sido educados en un ambiente autoritario, donde si rechistabas o no lo hacías había consecuencias, donde si no te apetecía hacer algo o querías hacer algo la opinión del adulto siempre era la mejor por tu bien.
Aún escucho a adultos decir que antes había más respeto que ahora, durante mucho tiempo hemos llamado respeto a lo que en realidad era miedo, no era un respeto real, tú respetabas a tus padres porque si no hacías caso de lo que te decían habría represalias, o hacías lo que te decían porque después recibiría una recompensa. No salía de ti obedecer porque desde tu interior sentías que hacías algo bueno para ti o para los demás. Durante mucho tiempo la educación se ha basado en el control y la obediencia. Y tristemente a día de hoy es lo que predomina en muchos hogares, colegios e institutos.

Cuando el adulto pierde el control, cree que pierde autoridad y que está siendo permisivo.

Y para colmo, esta creencia se agrava cuando de una época para acá, hijos de estas familias autoritarias, han educado a sus hijos en la permisividad. No querían repetir lo que sus padres hicieron con ellos, pero no tenían las herramientas para poder educar desde otro lugar, y lo que era una educación basada en el control se ha convertido en una educación basada en la libertad, pero ¡ojo!, una libertad basada en dejar hacer lo que les de la gana. Y esto no es una educación respetuosa, es una educación negligente.

Qué significa realmente educar con respeto

Pensamos que los niños y la niñas no tienen la capacidad de aprender por si mismos, de saber lo que un adulto llama «portarse bien», que necesitan todo el tiempo un adulto al lado que le diga el qué, el como y el cuando tienen que hacer las cosas. Y la realidad es que sí necesitan un adulto a su lado, pero un adulto que les acompañe y les guíe desde el amor y el respeto.

Hay que saber mirar al niño como otra persona, desde el mismo lugar que nos miramos nosotros al espejo, una persona que necesita desarrollarse a su ritmo. Educar con respeto es crear una relación donde el niño y el adulto están en el mismo lugar, el adulto no está por encima del niño, porque sabe más, está a su altura, respeta su ritmo y le acompaña a crecer y a desarrollarse guiándole en todo lo que le está por venir.

Los pilares de la educación respetuosa

La escucha, desde que nacen ellos son capaces de comunicarse con nosotros para decirnos que necesidades tenemos que cubrir, el bebé nace llorando, y ese llanto nos dice si tiene, hambre, sueño, frío, necesita contacto y conforme van creciendo su expresión, sus palabras también nos informan.

La observación, esta para mi, es una herramienta que cuando sabes usarla de verdad, te da muchísima información. Observar el lenguaje corporal, ciertos comportamientos en determinados momentos, con ciertas personas pueden darte mucha información de que está pasando.

El desarrollo del niño, nos estamos equivocando muchas veces por no tener en cuenta esta parte, la mayoría de veces «ordenamos» a los niños cosas que no están capacitados para comprender, les obligamos a razonar cuando su cerebro aun no está desarrollado para esta etapa.

El vínculo, el niño o la niña necesita sentirse seguro con su adulto de referencia, sentir el amor incondicional, pase lo que pase. Y el adulto debe confiar plenamente en el niño, en su proceso, en su actitud como guía de vida sin controlar ni manipular la situación.

El papel de los límites en la infancia

Y cuando hablamos de educar con respeto, no hablamos de dejar a los niños a la buena de dios y que hagan lo que quieran. Estamos hablando que habrá límites en la infancia que no se ponen desde la imposición, el miedo y el castigo, que les den seguridad y los guíen, no unos límites que los controles y los sometan a nuestras necesidades y expectativas. Si no que les ayuden, ponerlos desde la calma, siendo firmes y con mucho respeto. Hay que guiarles no controlarles.

El límite hay que explicarlo, habrá que sostener la emoción cuando sea para el niño difícil de entender o no esté de acuerdo y habrá que sostener el límite con calma y mucho amor.

Educar con respeto no es dejar hacer todo

Por eso educar con respeto no es dejar hacer todo, es mirar más allá de la conducta infantil, acompañar el desarrollo del niño con presencia, comprensión y límites claros y respetuosos con el niño y el adulto.

Cuando cambiamos la mirada con la que vemos a la infancia, cambia también nuestra forma de acompañar a los niños.

Y muchas conductas que antes nos parecían un problema empiezan a entenderse como parte del proceso de crecer.



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